Migración y Resistencia Como Legado Ancestral

Mientras la represión de nuestra comunidad, la comunidad migrante y compañeros aliados continué, mientras nuestra gente siga siendo secuestrada y asesinada por ICE no vamos a ofrecer razones por las cuales no merecemos ser criminalizados en un sistema que nos ha venido criminalizando por siglos, desde el momento que nuestros ancestros eligieron seguir protegiendo los principios de colectividad y armonía con lo sagrado por encima del individualismo y el dicho progreso occidental. 

La persecución de cuerpos negros, indígenas, y todo tipo de cuerpo "otrificado" por este sistema es un intento de traer orden a través del terror racial y la erradicación de nuestra dignidad individual y colectiva. La violencia es y siempre será el lenguaje preferido de los estados coloniales. 

Nos queda claro que los intereses del estado-nación nunca se alinearán con los de los pueblos, ni que compartimos un mismo sentido de moralidad con la gente que está en el poder. Desde Kichwa Hatari, denunciamos con indignación y firmeza ante la criminalización de nuestro derecho a existir y la violencia sufrida por familias, niños y comunidades enteras bajo la brutalidad de ICE y la administración que le respalda. De esta misma manera denunciamos la incapacidad del estado Ecuatoriano de abogar por y proteger a sus ciudadanos.

En los últimos 5 años, hemos sido testigos de una gran ola de migración Kichwa hacia EE.UU. Estas olas de migración han sido impulsadas por la incapacidad de los gobiernos de turno, por la inseguridad económica y la persecución política–realidades provenientes de los mismos proyectos neoliberales y políticas capitalistas y coloniales que nos han impuesto por siglos, las cuales llegamos a enfrentar de cerca como migrantes en EE.UU. 

Como pueblos originarios viviendo en la diáspora vivimos el doble peso del proyecto colonial. La inestabilidad económica, violencia y persecución que venimos escapando de nuestros territorios de origen, migran con nosotros y se reconfiguran en políticas, prácticas y narrativas deshumanizantes por parte del gobierno actual y sus bases. 

Las políticas a las que nos enfrentamos en EE.UU. son violentas, racistas y criminales. Utilizan nuestros rasgos para justificar la denegación de nuestros derechos más esenciales, y justifican su abuso de poder con el pretexto de la “seguridad”. Pero nos preguntamos: ¿Que peligro representa un niño de 5 años? 

El uso de términos como “illegal aliens”, “criminales, “narcos” ha construido un ecosistema donde se permite que pase lo que le pasó a Liam Conejo Ramos y a su padre Adrián Conejo Arias el 20 de enero del 2026, y permite que aún hayan cientos de otros niños con y sin sus padres en centros de detención, como el caso de Elizabeth Zuna Caisaguano y su madre Rosa Caisaguano. Y que permite el asesinato de Reene Good, Alex Pretti y las otras 32 personas que han fallecido bajo la custodia de ICE. Esta deshumanización tan profunda permite que la brutalidad de ICE siga teniendo apoyo financiero del gobierno y apoyo de los dichos dos partidos en EE.UU, republicanos y demócratas. El 21 de enero, ICE recibió un incremento de 75 billones USD para los próximos cuatro años, un aumento del presupuesto anual actual de 10 billones USD. 

Según el Deportation Data Project, el 23% de los arrestos de ICE hasta julio de 2025 en la ciudad de Nueva York fueron de Ecuador, superando por mucho a cualquier otro país de origen. Los ecuatorianos también representaron más de un tercio (36%) del total de arrestos de ICE en la ciudad de Nueva York en 2024. Estas cifras alarmantes llegan tras la firma de acuerdos por parte de Daniel Noboa, presidente del Ecuador, con el gobierno de EE.UU. para colaborar en el traslado y enjaulamiento en Ecuador de solicitantes de asilo en EE.UU.— el sufrimiento convertido en mercancía. Además, Noboa ha dado la bienvenida a corporaciones como Palantir en Ecuador, una empresa privada de vigilancia y seguridad militar que lucra con la deshumanización de migrantes en EE.UU. y de los Palestinos en sus territorios ancestrales. Tal como aprendimos en octubre de 2025, el gobierno de Noboa nunca defenderá los intereses del pueblo, solo los de su propia familia. Nuestra cultura será utilizada y folklorizada antes de que sus portadores, nosotros, seamos protegidos.

Durante las últimas semanas, Minneapolis ha sido el epicentro de estas luchas. Nuestras redes se han inundado de videos de nuestro propio pueblo siendo perseguidos por dichas autoridades enmascarados, familias clamando por ayuda en Kichwa, mujeres llorando mientras sus esposos son detenidos, y, niños detenidos en rumbo a o saliendo de sus escuelas como Liam Conejo y Elizabeth Caisaguano. Estas familias son detenidas como criminales y llevadas a centros de detención, en condiciones tan terribles que muchos han comparado a campos de concentración Nazis. Allá llevan a nuestro pueblo. Solamente en Dilley Detention Center, en Dilley, Texas, pasaron 3,800 Liam Conejos en el 2025. Niños enjaulados sin la protección de sus padres o familiares, ni de sus comunidades. 

Estos centros de detención son creados por corporaciones que sostienen vínculos con el gobierno, como CoreCivic y GEO Group, lucrándose día a día del sufrimiento de nuestras comunidades. Según un reporte publicado por Jacobin, este año las compañías que están a cargo de los centros de detención esperan recibir 5.2 billones de dólares en capital y 520 millones en ganancias en el 2026, las mismas compañías que hacen donaciones millonarias a las campañas de Trump.  

Hace poco días, Liam salió en libertad junto a su padre, pero no olvidamos que la detención de un menor es una violación flagrante a su integridad. Como hemos visto en el caso de Liam, su salud se deterioró y su bienestar aun esta a las manos de los mismos que criminalizan a sus padres y su comunidad. En nuestras cosmovisiones, la niñez representa la continuidad de la vida y la existencia de los pueblos milenarios; vulnerarlos es atentar contra el presente y futuro de nuestras naciones. Liam, un niño Kichwa-Otavalo, lleva consigo un patrimonio cultural y de resistencia. A su corta edad nos ha dado a todos un momento de pausa y reflexión sobre la brutalidad de este sistema. Su imagen ha circulado por el mundo entero despertando la ira y la indignación de mucha gente que se conmovió por su inocencia y la violencia de su detención.

Un niño de un pueblo indígena desplazado lleva consigo un doble dolor–un patrimonio cultural vivo que se desteje con la migración y el encierro forzado que vulnera nuestro futuro. Las barreras idiomáticas y culturales en los centros de detención, la falta de atención médica, alimentos apropiados para niños no solo dejan trauma permanente pero profundizan la deshumanización de estas infancias. ​La separación familiar y el trauma de la detención constituyen una forma de etnocidio silencioso. ​

​Recordamos al mundo que el Derecho Universal a la Movilidad Humana es, para nosotros, también un derecho ancestral, un derecho del mundo natural y por ende de todo ser vivo. Un derecho que el mundo ocidental ha criminalizado y hoy en día se ha usado para oprimir a las personas más vulnerables. Los pueblos han transitado los territorios mucho antes de que se trazaron las fronteras arbitrarias en territorio que fue robado de las comunidades indígenas de Norte America. Comunidades que aún mantienen su cultura viva y su lucha de resistencia encendida. 

Para las comunidades indígenas en los Estados Unidos, originarios de este territorio y migrantes, nos falta un largo camino por recorrer. A nuestros hermanos Nativos Americanos también se han enfrentado con la violenta persecución de ICE, un atropello a su soberanía milenaria y a los tratados históricos con este país. 

En un tiempo de mucho miedo colectivo, inseguridad y la preocupante normalización del facismo es importante seguir luchando desde las trincheras en las que nos encontremos. Hay que seguir tejiendo solidaridad entre comunidades originarias y comunidades aliadas. Recordar quienes somos y el legado de resistencia que traemos con nosotros será fundamental, así como informándonos, organizándonos, y conociendo nuestros derechos en los territorios que habitamos.

En los Estados Unidos vivimos una época oscura donde nuestra luz es la necesidad colectiva de vernos en el futuro. En ese futuro donde los niñxs como Liam Conejo y Elizabeth Caisaguano merecen caminar libremente, jugar, ir a la escuela y vivir sin miedo. Nuestra solidaridad con la familia de Liam y Elizabeth, con los corazones de los pequeños y con las familias de los cientos de otros niños cuyos nombres no conocemos. ​La niñez es sagrada. La niñez se debe respetar y sostener en colectividad. 

​¡Jallalla por la dignidad de nuestros pueblos!

Adina Farinango